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La idea era salir de Guisando, ir bajando hacia el Valle de la Vera, luego comenzar a subir por el Valle del Jerte llegando a El Barco de Ávila. A partir de ahí seguimos ganando lentamente altura hasta Hoyos del Espino. Subimos una parte del Puerto del Pico y lo bajamos también en parte desviándonos para El Arenal y vuelta a Guisando. Teníamos tres días para hacerlo aunque dándose bien se podía hacer en dos o dos y medio.

Día 1 – Lunes 9 de junio. De Guisando a Piornal.

La tarde y noche anterior la pasamos en El Nogal del Barranco, donde nos llovió, conocimos a unos vascos, vimos gente friki, gente muy friki, cenamos y dormimos en la furgo.

Nos levantamos sin madrugar demasiado y, mientras desayunábamos, llegó un autobús cargadito de militares. Éste aparcó justo al lado del coche donde dormían los dos vascos. Nos echamos unas risas pensando en la cara que iban a poner al asomarse y ver tanto militar a su alrededor. Tras preparar las bicis y despedirnos de los vascos, salimos para Guisando.

Ya en Guisando, mientras colocábamos las alforjas y dábamos los últimos retoques a las bicis, conocimos a un lugareño muy majo, Miguel, que nos dio consejos y nos contó lo quemado que estaba en su pueblo.

Inauguramos la ruta con una preciosa carretera (AV-P-713) que discurría por una ladera y que poco a poco nos fue metiendo en el Valle del Tiétar y la Vera. Al margen de la belleza del paisaje, enseguida surgen los problemas mecánicos y me percato de que no me cambian bien los piñones (lo cual me hace una gracia….) y los platos directamente ni los cambia (lo cual ya me mata de la risa). Paramos en Candeleda, en un taller de bicis, a ver si se puede hacer algún apaño rápido. Me dice el tío que no. Que están rotos los mandos y que hay que cambiarlos. Decido seguir así, fiándome de ese dicho que dice “Dios proveerá”. Efectivamente provee. Según pasan los kilómetros y me voy acordando de todo (sobre todo en las cuestas) descubro varios trucos para que cambie, tanto los platos como los piñones. De momento, problema resuelto.

A eso de las 14:30 horas estamos en Losar de la Vera, ya en Cáceres, donde decidimos comer. El pueblo podría haber sido perfectamente el de Eduardo Manostijeras, pues todos los setos del pueblo están cortados a modo de escultura.

Una vez comidos y descansados, tras un rato más de pedaleo y siempre con el inmenso Valle de la Vera a nuestra izquierda, llegamos a Cuacos de Yuste, donde la idea era visitar el Monasterio de Yuste. Camino del monasterio hay un Cementerio Alemán donde descansan en paz (damos fe de ello) los soldados alemanes de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Tras terminar de subir el cuestón llegamos al monasterio. Para nuestra desgracia, los lunes cierran. Al menos podemos verlo por fuera y la pinta es buena. Se confirma que los monjes saben lo que se hacen.

Bajamos a Garganta la Olla, pueblo realmente bonito, donde dejamos las bicis y nos damos un paseo a pié para no perder la costumbre de caminar. Un amable lugareño nos da a probar cerezas recién cogidas, las cuales estaban riquísimas.

Dejamos el pueblo, y empezamos a subir el que tal vez sea el puerto más duro de toda la ruta, al menos así nos lo pareció. En mitad de éste nos llueve, aunque por suerte escampa enseguida. Como parte buena, la carretera (o pista asfaltada más bien) discurre por el interior de un robledal. La belleza del sitio, el silencio solo roto por los cantos de los pájaros y la vista del Valle de la Vera al fondo, hacen que el duro pedaleo se lleve algo mejor.

Lo bueno de los puertos es que después de subir viene el bajar y, una vez terminado, eso es lo que hacemos hasta Piornal, donde pasaríamos nuestra primera noche. Cenamos y dormimos en una obra abandonada muy confortable.

Día 2 – Martes 10 de junio. De Piornal a Navalperal de Tormes.

Nos levantamos y, tras desayunar, empezamos a bajar (pedazo de descenso) hasta el Valle del Jerte.

A partir de aquí casi todo lo que tiene forma de árbol es un cerezo y está cargadísimo de cerezas. Cogemos la N-110 y empezamos a subir muy lentamente al principio y no tan lentamente al final.

Paramos en la Garganta de los Infiernos, aunque solo descansamos un rato y no hacemos ninguna ruta. Seguimos subiendo y pasado el Puerto de Tornavacas llegamos a Puerto Castilla, donde paramos a comer en los soportales del Ayuntamiento.

Tras un rato de descanso seguimos nuestra ruta y llegamos a El Barco de Ávila, allí cogemos la carretera del Puerto del Pico (CL-500), hacia donde nos dirigimos.

Llegamos a Navalperal de Tormes, un pueblo muy pequeño pero con su encanto, donde en principio solo queríamos descansar pero en el que al final nos vemos obligados a dormir porque se pone a diluviar. Allí conocemos a un “abuelo” con el que nos echamos unas risas. Comparte con nosotros su visión del mundo y su sabiduría en forma de frases y refranes así como sus conocimientos de la flora y fauna de la zona:

Sobre la monarquía: “Menos servilletas y más chuletas”

Sobre la homosexualidad: “Macho con hembra sí se puede. Pero macho con macho o hembra con hembra no se puede. A ver cómo lo hacen… Eso son anomalías”.

A esto Miguel le dice que eso va en los genes, que se nace así. Y yo le digo que alguna forma habrán descubierto para “hacerlo” cuando hay tanto “gayer” por el mundo.

En resumen, una especie de Señor Cayo con el que pasamos un buen rato.

También conocemos a un grupo de perros que andan tras una perra en celo. Por lo visto en este viaje, el tema de los perros y gatos en esta zona está algo descontrolado (algo más de lo ya normal en España). Allí vagan a sus anchas sueltos todo el día, sin importar que se metan en la carretera o vete a saber dónde.

Al final, cenamos y dormimos en la Iglesia, bajo la atenta mirada de un gato tuerto (a causa de un atropello).

Día 3 – Miércoles 11 de junio. De Navalperal de Tormes a Guisando.

Nos levantamos y salimos para Navacepeda de Tormes en busca de una tienda donde comprar el desayuno. Llegamos y la única que hay está cerrada, así que seguimos hasta Hoyos del Espino donde compramos y desayunamos. Tras esto solo nos queda subir una parte del Puerto del Pico. Una vez arriba en el puerto Le pedimos a un giri que nos haga una foto. Qué pensaría el hombre que le estábamos pidiendo porque en un principio se negó, aunque en cuanto que le dijimos que éramos del Plafón cambió de opinión.

Ya solo nos quedaba bajar una parte del Puerto del Pico porque nos saldríamos por una pista asfaltada que nos llevaría, después de una dura, aunque bonita, subida hasta El Arenal, El Hornillo y finalmente de vuelta a Guisando.

Allí, mientras guardamos los trastos en la furgo, volvemos a ver a Miguel, el cual nos recomienda un sitio para comer bien a buen precio.

Con esto damos por finalizada la ruta y quedamos a la espera de la próxima.

Datos de la Ruta:


Distancia: 250 km
Tiempo de pedaleo: 18 horas
Tiempo total ruta: 56 horas
Velocidad máxima: 60 km/h
Velocidad media: 14 km/h
Altitud mínima: 349 m
Altitud máxima: 1598 m

Por Miguel y Sevi